A Alberto Arranz, Mol, le falló el corazón el pasado viernes cuando estaba en plena faena, entre amplis, cables y bafles, haciendo lo de siempre. Tenía tan solo 48 años. Los que tuvieron la suerte de tenerlo cerca aseguran que nunca han visto a nadie tan generoso, a nadie que se dejarse tanto la piel y el alma por la música. Sin trampa ni cartón, y en la mayoría de ocasiones sin red.
Ya a mediados de los noventa se manejaba como pez en el agua en la escena musical pucelana, poniendo a Medina del Campo en el mapa del rock. Siempre agitando, promoviendo, organizando. Suya es la huella del inolvidable festival Medina Sonora (por allí llegaron a pasar, entre otros, Glen Matlock, bajista original de los Sex Pistols; Vetusta Morla; Los Salvajes o Mother Superior).
Humilde y sensible, sabía perfectamente de qué lado estaba y dónde y cuándo había que arrimar el codo. En su afán de intentar mejorar la cultura todo lo que estuviera en su mano, buceó también en el ámbito político a nivel municipal (fue esencial en el nacimiento de Gana Medina).
Todavía está helado su inseparable Fernando Su (Jimenos Band, Los Desgraciaus, Hula Baby), pero, entre tanto dolor, celebra haber compartido la vida con él. “Mol era poseedor de una musicalidad difícil de encontrar y, aunque autodidacta, hacía sonar con naturalidad diferentes instrumentos sin reparar demasiado en aspectos técnicos”, cuenta a Social24Horas. “En más de una ocasión nos ha ayudado a salvar los muebles, sustituyendo a algún músico ausente, tirándose a la piscina sin apenas conocer el repertorio. Eso dice mucho de su audacia, pero sobre todo de su generosidad”.
Otra palabra que define a Mol es la de “aglutinador”. La pone sobre la mesa Urbano Canal (Los Buitres del Pisuerga, Lagartos Torraos, Harla Horror, Los Molsaicos). En Los Molsaicos, Mol tocaba la batería y Urbano la guitarra. “Mol consiguió que fuésemos a tocar al Rock Palace, en Madrid, en la época en que lo llevaba Norah Finley, la guitarrista norteamericana de los Sin City Six. Sabía moverse”. El concierto, por supuesto, fue uno de los momentos más emocionantes de sus carreras. “Yo conducía el coche, y recuerdo la cara de felicidad que traía Mol cuando volvíamos de tocar. Ponía pasión, movimiento y acción”.
Hay una reflexión de Pablo Tombstone (Lagartos Torraos, Harla Horror, Hula Baby, Los Jarabo) que ayuda a conocer un poco más a Mol: “Si hubiera sido pintor, habría firmado Anónimo, con toda seguridad. No le gustaba lucir sus virtudes, que eran todas (era multiartista). La generosidad de Mol lo llevaba, en palabras de Pablo, a “trabajar por el arte pero por detrás, casi sin que nadie se enterara”.
Ofrecer todo lo que tienes sin parar a preguntarse mucha cosa. Dar la vida por la música, literalmente. Así es como Álex Izquierdo (Los Jarabo, Ángel Stanich Band) todavía siente a su compañero Mol: “Daba todo lo que tenía a quien lo necesitara. Un talento musical y una capacidad de trabajo sobrehumanos. Entregaba todo lo que tenía: medios materiales, horas de trabajo en la mesa de sonido, tanto en directo como en estudio, horas y horas de conducción en giras. Creo que ya no queda gente así”. Álex está completamente seguro de que “si no hubiera sido por él, muchos proyectos locales y nacionales no hubieran sido posibles de ninguna de las maneras”.
Aparte del Medina Sonora, Mol estuvo también muy presente desde el principio en el Galán Fest, de Pedrajas de San Esteban. David Salamanca, director del festival, siempre podía contar con él: “Siempre presente, sabías que no fallaba. Era un seguro tenerle a tu lado”. Eso sí, a la hora de trabajar era un poco maniático: “Cuando recogíamos los cables no le gustaba que le echáramos una mano. Siempre nos mandaba a tomar una cerveza; así podía él organizarse más fácilmente y lo ordenaba de una manera más eficaz para él”.
No es fácil ver en este mundo tan materialista que alguien coloque lo personal y lo artístico por delante del dinero. Es lo que cuenta de Mol su amigo Rubén Gómez (Sincorazón), pero es una apreciación que ha aparecido en varios de los testimonios de las últimas horas. “No hay figuras como él actualmente. Siempre con una sonrisa. Cuando ibas a tocar a un bolo y estaba de técnico Mol, sabías que aparte del trabajo profesional tenías esa facilidad de trato estabas a gusto. Sabías que iba a encontrar una solución a cualquier problema”.
Nacho Vicente (Xtrañas Producciones, Imperativo Legal), recuerda que un disco de una banda en la que estaba Mol, El Mondongo, fue el primer lanzamiento de su sello Xtrañas Grabaciones: “En 2001 ganaron un conocido concurso en Valladolid [Norte Rock], y como premio les grabaron un disco. Me pidió que fuera su mánager, y lo fui durante todo el tiempo que duró el grupo, que no fue mucho”. De esta época de El Mondongo, Pablo Tombstone se acuerda también de un viaje en Opel Corsa regresando de un concierto en Toledo, a las tres de la madrugada, lidiando con un registro exhaustivo y correoso por parte de la Guardia Civil. Gajes del oficio de artista.

Desde Estados Unidos y desde el mundo del cine
Desde Estados Unidos, Abstract Artimus ha querido abrazar virtualmente por última vez a su amigo y confidente (Mol, junto a Álex Izquierdo -y, al principio, Pablo Tombstone y también Javi Vielba y Fernando Su- formaban la banda de Artimus cuando salta el charco desde Nueva York). “Ante todo, fue mi hermano, y el mundo es un lugar peor sin él”, escribía en sus redes sociales el estadounidense, que proclama a su batería “un auténtico guerrero del rock and roll”. Su altruismo y su consideración hacia los demás, señalaba, “no tenían igual”. Que le trate de hermano no es una forma de hablar: la casa de la madre de Mol siempre fue su casa en España, apunta Pablo.

También se han despedido de él desde el Medina Film Fest. Mol estuvo durante años vinculado a la Semana de Cine, “aportando su trabajo, su entusiasmo y su inestimable calidad humana”, ha publicado la organización. “Su compromiso con la cultura, su cercanía y su generosidad dejaron una huella imborrable en nuestro festival y en todas las personas que tuvimos la suerte de compartir con él esta pasión por el cine”.
Por todo lo mencionado, el hueco que deja Mol será muy difícil de llenar. “La escena se ha quedado profundamente vacía”, afirma Rubén Flaco (Los Idiotas). “Hacía grande a nuestra comunidad tanto arriba como abajo del escenario”. Y por eso, como describe Ana Alvarado, amiga de toda la vida, fue impresionante el momento de la salida del féretro en la Colegiata ayer domingo, cuando por un instante se silenciaron las fiestas de San Antolín.
Ahora no sabemos quién arreglará el próximo desaguisado; quién organizará la gira más loca, o quiénes formarán el siguiente supergrupo underground medinense, pero lo que es seguro es que cada vez que los que le tuvieron cerca se junten para tocar, habrá un redoble en honor a Mol. Por ejemplo mañana mismo, 8 de septiembre: Los Desgraciaus (banda en la que eran compañeros Fernando Su y Mol) tenían programada una actuación en Baltanás y han decidido mantenerla para homenajear a su compañero como él hubiera deseado.
Víctor David López

