La asociación cultural El Prao de Luyas, del municipio vallisoletano de Piñel de Abajo con 165 habitantes, recupera el patrimonio arquitectónico bodeguero abandonado del pueblo gracias a las hacenderas, las labores comunitarias y vecinales. Las cavas fueron tapadas hace 60 años para construir las calles y recorren más de 100 metros de largo del subsuelo del pueblo. Junto a ellas, se encuentra el último de los 17 lagares que el municipio llegó a tener en el siglo XVIII, según recoge el catastro del Marqués de la Ensenada. Este año verá finalizada su obra de recuperación gracias al trabajo comunitario.
Tras la realización de un estudio topográfico descubrieron la magnitud de las bodegas subterráneas con la que cuenta el pueblo, tapadas con escombros. Percibieron que había muchas en situación crítica. “Esa fue una llamada a la acción para poner en valor este patrimonio arquitectónico”, reconoce Eduardo Perote, agente medioambiental, ingeniero técnico forestal y presidente de la Asociación Cultural El Prao de Luyas, creada en 2008.
“Piñel es un pueblo con cultura vitivinícola”, asegura el presidente. El catastro del Marqués de la Ensenada, del siglo XVIII, lo confirma, según las investigaciones realizadas por la asociación. En el documento se refleja que en el pasado el pueblo contó con una potente industria del vino albergando 175 hectáreas de viñedo. Fruto de esa producción, el municipio llegó a tener 17 lagares para transformar la uva. Ese legado cultural existe actualmente, “dotando a las bodegas de un carácter social y de comunidad”, destaca Perote.
La recuperación de este patrimonio subterráneo no habría sido posible sin las hacenderas, modus operandi de trabajar de la asociación. “Va en nuestra forma de ser y de defender la humanidad, a través de la generosidad queremos intentar transformar las cosas”, en palabras del presidente.
Esta labor colectiva aúna a personas con ganas de aportar sus conocimientos de albañilería, carpintería, o cualquier fuerza o utilidad que se pueda necesitar. Un capital humano enriquecido gracias a los encuentros durante las ferias divulgativas que El Prao de Luyas organiza desde hace años.

Espacios revitalizados
Eduardo Perote confía en que este año se finalicen las obras del lagar, del que han podido mantener todas sus partes. “Queremos que sea un espacio de trabajo compartido y logístico para la asociación”, apuesta. Por un lado, se prevé la creación de un obrador para conservar y transformar los cerca de 4.000 tomates que producen con semillas recuperadas. Y, por otro, se habilitará un aula creativa para talleres de cocina de vanguardia durante las jornadas de biodiversidad que realizan a lo largo del año.
Las obras están comunicando tres bodegas, que tienen un recorrido de 100 metros de galerías subterráneas. “Nos gustaría abrir en estos espacios una reserva para murciélagos, donde puedan hibernar y criar”, explica Perote, quien pone en valor a estos mamíferos voladores por su función de control de plagas en los ecosistemas.
En otra parte descubierta de las bodegas, prevén instaurar un museo ornitológico abierto al público, que mostrará una colección de cajas nido y esculturas a escala hechas a mano de pequeñas aves. Entre las utilidades para estos espacios, también está la de acoger un museo etnográfico. “Ya estamos recopilando herramientas y aperos agrícolas antiguos”, explica el presidente de la asociación.
Este año se terminará la recuperación del lagar. También han abierto una entrada que llevaba tapada desde hace 60 años y una lucera, y se han comunicado otras dos bodegas. El año que viene prevén descubrir cuatro bodegas tapadas y les han ofrecimiento rehabilitar otra.
Hasta la fecha, la asociación ha realizado una gran inversión en la rehabilitación de estos espacios, alcanzando los 40.000 euros. Para la financiación han contado en 2025 con una ayuda para el asentamiento y el arraigo de la población de la Diputación de Valladolid, que ascendía a 13.000 euros; y para la próxima apertura han solicitado una subvención de 18.000 euros.

Agricultura alternativa a la convencional
La asociación El Prao de Luyas fue impulsada por un grupo de amigos con el objetivo de dinamizar el pueblo y los de alrededor, divulgando alternativas agroalimentarias ecológicas a la producción convencional. “A finales de 2008, tras años con el precio de los cereales muy bajos, quisimos crear otras propuestas de cultivos alternativos, como el del pistacho y el de las trufas; recuperación de semillas, como las del tomate; implementar sistemas de depuración de aguas residuales; y populicultura”, explica Perote.
“En un modelo convencional un agricultor maneja entre 500 y 1.000 hectáreas, frente a un un agricultor ecológico que puede desarrollar su actividad en secano con 30 hectáreas, por lo que en ese mismo espacio convencional se podría desarrollar 30 o 50 en ecológico”, explica.
Desde El Prao de Luyas apuestan por volver al número de profesionales de la agricultura que había antes de la Política Agraria Común (PAC). “En Castilla y León había 171.000 agricultores que representaban el 20% de la población activa”, argumenta Perote. Y puntualiza que “la agricultura ecológica habilita más puestos de trabajo frente a una convencional excluyente que para poder sobrevivir requiere tener muchas hectáreas y un gran capital para mantener toda la maquinaria e infraestructura, o haberla heredado”.
“La asociación nace para cuestionar este modelo y apostar por otros, como la agricultura ecológica, que cuenta con personas más formadas, más jóvenes y con capacidad de transformación de los productos, lo que supone un valor añadido”, explica Perote. “Esto tiene que ir unido a una apuesta clara por parte de la administración”, insta, y sugiere que ese apoyo podría darse distribuyendo alimentos ecológicos locales a los comedores de los colegios, residencias y hospitales públicos.
Gracias a las ferias agroalimentarias que organiza El Prao de Luyas a lo largo del año, se acercan a Piñel voces expertas y se dan a conocer proyectos que sirven como ejemplo de que otra forma de producir es posible. “Intentamos traer personas o colectivos con experiencia en transformar”, afirma.
La asociación también ha sido pionera en la recuperación de viviendas abandonadas. Cuenta con tres casas en el pueblo. Dos de ellas en rehabilitación y una ya operativa, en la que viven cinco personas desde el año 2020 pagando un alquiler social de 175 euros al mes.
Además de estar constituida como asociación cultural, El Prao de Luyas es una pequeña explotación agropecuaria. Genera sus ingresos con las forestaciones de árboles, financiadas a través del programa ‘Planta un árbol y pon una teja’; la venta de los tomates; el alquiler social de la vivienda; la venta de Lotería; la venta del libro de 291 Plantas melíferas de Piñel de Abajo, de la provincia de Valladolid y de las Mesetas castellanas; la recaudación de las siete ferias anuales que organizan; y las cuotas de socios.
La actividad e iniciativas de El Prao de Luyas sitúan a Piñel de Abajo como un ejemplo a seguir. “Frente a la devaluación del territorio y el entorno rural, la metodología de trabajo que realiza la asociación es un aprendizaje para otros pueblos que quieran poner en valor lo que tienen, o lo que se puede tener”, afirma Perote, quien recuerda a aquellos jóvenes que construyeron con sus manos las piscinas municipales de Piñel en el año 68. “Fueron un referente y hoy en día el espíritu de trabajo comunitario se mantiene”, asegura.
S.F.L.


