Al formato cuentacuentos se han acercado algunos de los más grandes estandartes de la música popular a nivel mundial, normalmente con éxito, precisamente porque eran grandes: hay que ser muy bueno para defenderse de este modo, a solas sobre un escenario con largos pasajes hablados entre canción y canción. Una muestra es el proyecto Storyteller de Ray Davies, líder de The Kinks, a finales de los noventa (que acabó siendo registrado en un álbum), o los conciertos de Roger McGuinn (The Byrds) en la primer década de este siglo (Madrid, 2009, entre ellos). Ambos dejaron atónito al público que los acompañó en unas citas que mezclaban grandes éxitos e historias inolvidables narradas con todo lujo de detalles.
Jorge Muñoz-Cobo (Jorge Explosión) lo hace obviamente a la española, y dimensionándolo todo a la escena patria, y la fórmula también funciona: entretiene, sorprende y divierte. El Bizarro fue el lugar elegido para un despliegue de memoria del líder de la banda gijonesa de rock de garaje Doctor Explosión. Presentaba su concierto en solitario, siguiendo con la tradición de los anteriormente mencionados, como un “show de trovador cuentahistorias”.
Muchos de los episodios relatados tuvieron como protagonista a Jorge Martínez, de Ilegales, cuya estrecha relación con el gijonés quedó patente en la entrevista publicada en Social24Horas antes de su visita a Pucela. También hubo hueco para el día en que los tres miembros originales de Doctor Explosión (el protagonista de la velada, junto a Félix Domínguez y Álvaro Coalla) se colaron en el cementerio de Ceares (Gijón) para hacerse las fotos de la portada de su primer álbum.
Quedó clara también la importancia de la ropa y las pintas en la construcción del universo e imaginario del grupo, entre sus aires sesenteros (se declaraban talibanes de esto) y el montón de tribus urbanas que llenaban los clubs (mods, punkis, rockabillis, etc.). Había que destacar. Había que militar. A este respecto, Jorge Explosión dedicó un ratito a la figura de Tino, un excepcional guitarrista que metieron temporalmente como cuarto miembro de la banda. Era un chaval de barrio que recién terminada la carrera logró encontrar un trabajo como ingeniero. “Ahora que tengo curro no sé si hacerme pijo o yupi”, les dijo un día. Ante la incredulidad de todos concluyó: “Lo que sea mejor para el grupo”.
Celebradísima fue la narración de cómo se cocinó la publicación de su muy personal versión de Soy un truhán, soy un señor, uno de los números uno que encumbraron la carrera de Julio Iglesias. El cantante contó que cuando ya la tenía casi lista, alguien le preguntó si le había pedido permiso a Iglesias para grabarla. Jorge Explosión reparó en que no había caído en ese pequeño detalle. El de Doctor Explosión acabó consiguiendo, en cambio, la dirección de email del compositor del tema: nada más y nada menos que Ramón Arcusa, del Dúo Dinámico. Inmediatamente le escribió un email y muy rápidamente Arcusa respondió dándole la enhorabuena por el trabajo, y el beneplácito y el permiso para la publicación. Eso sí, le entrecomilló lo que decía su compañero Manuel de la Calva: “¡Ostras, Pedrín! De esto a Julio ni mu”.
Siguiendo con su conexión con otros personajes célebres, al público le encantó también la carambola que llevó a Sean Lennon (hijo de John Lennon y Yoko Ono) a salir de juerga por Gijón, de la mano de Jorge Explosión, claro está. Resulta que Jorge Muñoz-Cobo conoció a Sean Lennon en Austin (Texas) a través de una amiga común argentina. Como el neoyorquino es, al igual que el gijonés, un fanático de los estudios de grabación y los equipos de audio vintage, decidió pasar una semana en Asturias y conocer desde dentro Circo Perrotti, el estudio de Jorge.
Allí, en la noche gijonesa, con un estrafalario traje y un sombrero de ala ancha, Sean Lennon “parecía de todo, menos alguien de Gijón”. Por su propia seguridad, Jorge Explosión omitió la identidad de su acompañante cuando entraron en el Savoy a tomar algo. Allí se encontraron a Divi Fresno (bajista de Sangrientos, banda de Paco Loco), que, bien entrada la madrugada, se enzarzó con aquel extraño turista debatiendo sobre Barry White o sobre quién conocía mejor a Lou Reed o a Ringo Starr. El de Sangrientos se desesperaba y le decía a Jorge Explosión que su amigo “le estaba vacilando” cuando le intentaba explicar que Ringo fue amigo de su padre. Una semana después, cuando Divi se enteró que aquel tipo era el hijo de John Lennon, se puso a llorar.
El show de trovador cuentahistorias tuvo momentos sonoros de gran calidad como El día que David Bowie murió, ahora que justo se acaban de cumplir diez años; Paleto, una de las canciones más coreadas, y Soy así, de Los Salvajes, que puso a bailar a todos los que, en ese formato sala de estar del Bizarro, acudieron a esta sesión vermut de memoria y rock de garaje.
V.D.L.




