Doctor Explosión formó parte de la tormenta del Xixón Sound a principios de los noventa, y llevan desde entonces defendiendo su legado y su atalaya, con Jorge Muñoz-Cobo (Jorge Explosión) al frente.
El líder del grupo, romántico de las maquetas, enamorado de las demos, de la inmediatez, de las cajoneras llenas de vinilos, es un artesano del rock and roll y del garaje en toda regla. Este domingo 11 de enero actúa en solitario en el Bizarro en sesión vermut (13:00. 7 euros, incluye consumición) presentando el EP Telstar Sessions, una grabación perdida que acaba de recuperar.
PREGUNTA. Son décadas de carrera pulcra, manteniendo esa mezcla de calidad y gamberrismo. No es fácil esa fórmula.
RESPUESTA. Ni fácil ni difícil, ha salido de forma bastante natural, creo yo. He tenido la suerte o la desgracia de hacer siempre lo que me ha dado la gana. Claro, cuando haces lo que te da la gana también pagas ciertos peajes. Por ejemplo, una cosa mainstream no entraba ni en mis planes. La esencia de hacer las cosas como las hago, pensando en esa fórmula que más bien es lo opuesto al mainstream, implica que estás como desubicado en el mundo, y haces gala de ello desde el sonido a la forma estética y los temas que tratas en las letras
P. ¿Se te ha quedado la espinita clavada de no formar parte del mainstream, la cultura de masas, o te da igual?
R. No, no, me da absolutamente igual, lo tengo muy asumido desde siempre. Mientras yo pueda seguir en esta especie de anonimato de segunda fila, pudiendo hacer lo que a mí me gusta y viviendo de esto, soy feliz. Vivimos en un país en el que el gran público tiene otras inquietudes, por eso los canales para acceder a ese gran público pasan por producir los discos y presentar el contenido de las letras de una determinada manera.
P. En todo este trayecto, imagino, habrá habido averías, pinchazos, baterías fundidas y más percances.
R. Siempre poder vivir de esto ha pasado por la diversificación. Monté mi estudio de grabación y durante unos años me fue superbien con este estudio. Pero en un momento determinado, cuando el estudio suponía un ochenta por ciento de mi vida profesional y el grupo suponía un veinte, por una cuestión de asfixia vital me empecé a sentir agobiado. Agobiado de estar pasando mi vida encerrado entre las cuatro paredes de un estudio y dándole mi tiempo a los demás. Sentí la necesidad de ir reduciendo las horas de estudio e ir dedicando más mi tiempo a mis movidas y contar las historias que yo quiero contar.
P. Curioso, porque justo te iba preguntar por ese estudio tuyo, Circo Perrotti. Te imaginaba allí adentro pasándotelo bomba.
R. Y me lo pasé bomba, e igual hice más de mil discos, y sigo haciendo discos en ese estudio. No estoy cerrado, pero no estoy proactivo buscando trabajo. A quien me llama, lo atiendo y hago el disco y me lo paso de puta madre. Pero no estoy todo el tiempo ahí encerrado como era antes. Ha habido años de hacer veinte o treinta discos, no hacer otra puta cosa que eso. Hubo un momento en que empecé a notar que sentía cierta envidia de mis clientes. Están aquí haciendo su disco…, ¿y yo?
P. Pero tú también formabas parte de esos discos, porque si algo caracteriza a Circo Perrotti es el trabajo analógico y la búsqueda del sonido. Eras partícipe, eran también discos tuyos.
R. Y esa inquietud sigue ahí porque esa inquietud nunca tiene fin, en el sentido de que tú nunca acabas de descubrirlo todo. El sonido es algo que no tiene fin, puedes estar toda tu vida descubriendo y aportando cosas a los discos de otros. Pero, te digo, para mi próximo disco, yo no quiero mezclarlo. Como mucho lo grabaré, por comodidad creativa, pero enfrentarme otra vez a mezclar y todas esas cosas técnicas con mis propias canciones ahora mismo no me apetece.
P. ¿Y en qué fase está ahora ese disco?
R. Tengo diez canciones nuevas, las tengo en demo, en maqueta, donde he tocado yo todos los instrumentos. Me encanta el proceso, hacer las cosas rápido. Cada canción me lleva un día, entre que la compongo y la grabo y la dejo terminada. Hacerlo así me flipa. Pierdo un poco la paciencia.
P. Va todo a toda máquina.
R. Hago como escritura automática. Pongo todas las mierdas que se me ocurren en un papel y luego empiezo a darles un sentido. A veces tengo ciertos títulos que me voy apuntando en una libreta. Voy por intuición. La reflexión la hago después. Digo a ver qué cojones quería decir yo aquí. Un proceso casi como freudiano. Me gusta esa manera de trabajar espontánea. Esa primera toma de voz que haces es la hostia. Luego, reproducir eso otra vez más en frío, en tomas posteriores, sin sentir esa emoción…
P. Hablando de emociones, ¿qué es lo primero que se te viene a la cabeza cuando te hablan de Munich y del Atomic Café?
R. ¡Buah! A ver, te lo voy a resumir de una forma: imagínate el puto paraíso hecho un club de música, de pinchadas y de actuaciones. Donde el espacio es todo perfecto: el escenario, las barras, la luz, la decoración, la peña, el ambiente. Dices ¿pero esto existe, tío? No me lo puedo creer. Tanto es así que en el Museo de la Ciudad de Munich está reproducido un trozo del Atomic Café. Hubo un antes y un después. Fue la puta hostia.
P. En aquel Munich surgieron vuestras Telstar Sessions (enero de 1998), recuperadas ahora a base de puro trabajo arqueológico con el máster de la grabación.
R. Fue una carambola que me volviese a encontrar con Christian “Phonoboy” Höck, de los estudios Telstar, a través de Alfonso Lantero, un muy buen amigo que fue batería de Ilegales y Los Pistones. Coincidió así. Luego le pegué un toque a Esteban Hirschfeld, de Los Mockers y de Gabinete Caligari, para que metiera unos teclados, y la verdad es que fue una experiencia de puta madre. Fue como reinventar la historia otra vez.
P. Por la música que haces y el rollo que llevas, siempre he tenido la sensación de que eres uno de esos artistas nacido en la época equivocada. Si tuvieras que elegir otra época, ¿con qué artista te gustaría subirte al escenario?
R. Pues mira, tío, me vas a perdonar porque yo no creo que haya nacido en una época equivocada. Estoy supercontento de haber nacido en esta época. Mira, me hice muy amigo de Jorge Ilegal cuando yo tenía once años y él tenía veinticinco. Le echo un montón de menos. Echo un montón de menos que me llame por teléfono. Me llamaba muy a menudo y para hablar de nada, por el placer de hablar.
P. El vacío es grande. Un tipo que nunca se traicionó.
R. Me he dado cuenta de que durante toda mi puta vida no le hecho caso en nada a Jorge. Él tenía una actitud un poco paternalista: yo era Jorgito. Quizás por mi espíritu rebelde y por ser una persona tan familiar para mí nunca me di cuenta de la magnitud de su obra, o lo ignoré de forma inconsciente. Jorge me propuso colaborar con él en un concierto de Jorge y Los Magníficos. Justo esa semana yo tenía una grabación con una banda de Suecia, me era imposible estar en ese escenario. Y pensé que habría más ocasiones. Cuando se lo conté por teléfono me dijo: ´Jorgito, tío, te vas a arrepentir´ [imita a la perfección la inconfundible voz del líder de Ilegales]. Nunca le hice caso en nada, y él siempre tenía razón en todo. Pues esta vez también ha tenido la razón. Y me arrepiento de no haber estado en ese concierto.
P. Quede aquí este sincero homenaje como colofón.
R. Si de algo me arrepiento [hace una pausa] es de no haber estado en ese concierto, así que si con alguien me gustaría estar sobre un escenario es con Jorge, tío. Me gustaría mogollón subirme a un escenario con él; y saber que eso no va a pasar [hace otra pausa] me mata, tío.
Víctor David López




