Robe Iniesta, una de las figuras más importantes de la historia del rock en español, clave en la cultura subterránea y callejera de las últimas décadas en nuestro país, emprendió en Valladolid (12 de mayo de 2017) el camino sin retorno de las giras sin su banda de siempre, Extremoduro. Tras dos discos al margen de su grupo, su carrera paralela (terminó suponiendo una ruptura definitiva) despegaba en directo en el Centro Cultural Miguel Delibes, arropado por sus nuevos secuaces, todos músicos extremeños.
Aquel debut tuvo unos invitados de excepción: los integrantes de una minúscula asociación local, Cadena de Sonrisas, centrada en proyectos culturales y educativos, que aún hoy se siguen planteando si lo que sucedió fue real o si acaso lo soñaron.
Semanas antes de la histórica actuación, en la bandeja de entrada del correo electrónico de la asociación había aparecido un mensaje de uno de los músicos de la banda de Robe. Carlos Prieto, violinista, les comentaba que en cada ciudad por las que pasara la gira “Bienvenidos al temporal” querían mostrar su apoyo al tejido social invitando a alguna pequeña asociación, y mostrando ante el público, si fuera el caso, productos con la imagen de la institución. En Pucela, les informaba Prieto en su email, Robe y su banda habían elegido a Cadena de Sonrisas.
Los caminos de ambos proyectos se unieron, tal y como explica Jonathan Racionero (de Cadena de Sonrisas) a Social24Horas, gracias a una afición común: el geocaching. Esta actividad lúdica basada en esconder y encontrar tesoros con una unidad GPS fue la clave del encuentro casual. “Habíamos hecho un calendario que en cada página llevaba un geocaching, una geolocalización por la provincia de Valladolid”, cuenta Racionero. “Cada foto era en un sitio distinto. Da la casualidad de que Carlos es un aficionado de los geocaching, entonces debió de sondear”.
Hubo un cruce de correos entre la asociación y la banda de Robe. “Bichearon nuestra web y lo tuvieron clarísimo”. Los músicos siempre están de paso allí por donde van, pero estos en particular querían conocer la labor realizada desde Cadena de Sonrisas en Valladolid. Acordaron que la asociación les enviaría unas camisetas, que alguno de ellos se pondría sobre el escenario para hacer publicidad y apoyar la causa. Les prometieron, asimismo, que les invitarían al concierto.
Y así fue. Los miembros de la asociación presenciaron el memorable debut de la banda de Robe en uno de los palcos laterales del Miguel Delibes, junto a los familiares de los integrantes del grupo. “La mayoría de nosotros nos hemos criado con Extremoduro, con el Robe, con Fito, con todos esos grupos”, reconoce con nostalgia Racionero, ocho años después. Robe vestía una de sus clásicas túnicas, pero el violinista lucía con estilo una de las camisetas que la asociación había enviado.
Recuerda Racionero también que, cuando se bajó el telón y el público ya había abandonado las instalaciones, toda la banda salió a saludarlos, a conocerlos y a charlar con ellos. “Estuvimos un rato en el hall, cuarto de hora o media hora. Era un momento bastante importante por estar empezando en solitario; luego los dejamos con sus familias”.
Es la desconocida memoria de una fecha y un lugar que quedaron marcados a fuego en la extensa biografía de Robe, y de paso en el breve currículum de Cadena de Sonrisas. El gesto solidario de un proyecto musical mayúsculo que arrancaba desde abajo. Al final, como cantaba el de Plasencia, hay que dejar el camino social alquitranado porque en él se nos quedan pegadas las pezuñas.




