Al principio, reclamaron agua y luz; más tarde, lucharon para que se contara con ellos en el proceso de integración de la periferia en el casco urbano, y ahora reivindican su derecho a servicios sociales, para no volver atrás en el tiempo y de paso respetar a los más mayores, justo aquellos que dedicaron sus mejores años a la transformación de la barriada.
Fue a mediados de los años cincuenta del pasado siglo cuando llegaron los primeros asentamientos de ladrillo sobre las huertas de dos grandes fincas del noreste de la ciudad. Los vecinos, procedentes de las zonas rurales, tuvieron que esperar hasta mayo de 1973 para que el barrio en el que vivían se denominara barrio de verdad. Su callejero repasaba el diccionario de la Navidad: había nacido el barrio Belén.
Hace unos días, la asociación vecinal 24 de Diciembre volvía lanzar una proclama ya clásica a través de las redes: no piden más recursos; se centran en conseguir justicia y proximidad en los servicios sociales que les corresponden. Según la asociación, más del 50 % de los vecinos del barrio Belén son personas dependientes. Muchos viven en viviendas sociales y no pueden desplazarse tanto como les gustaría.
“Otros barrios sí tienen atención social diaria. ¿Por qué nosotros no? La ley lo dice claro: los servicios sociales deben prestarse desde el ámbito más cercano a las personas”. Insisten en sus comunicaciones en que el local existe y el personal está contratado: solo falta voluntad política. “No somos ciudadanos de segunda. Pedimos igualdad real y una atención social de proximidad en el Barrio Belén”.
José Luis López es el secretario de la asociación de vecinos 24 de Diciembre. “En la década de los noventa”, cuenta en conversación con Social24Horas, “el CEAS (Centro de Acción Social) Barrio Belén contaba con un asistente social (que ahora es trabajadora social) y un educador de calle (que ahora es animador comunitario)”. Hoy es diferente: “El CEAS que hay ahora mismo es CEAS Belén-Pilarica, y cuenta con dos ubicaciones: una en el Centro Cívico Pilarica y la otra en la plaza de las Nieves del barrio Belén”.
El problema para los habitantes del barrio Belén es que el servicio de información y orientación social, ese en el que los martes y los jueves por la mañana pueden solicitar ayuda a domicilio o prestaciones para personas en situación de dependencia, por ejemplo, se ofrece únicamente en Pilarica.
“La gente del barrio Belén, que es una población muy envejecida, tienen que desplazarse como buenamente pueden” explica el secretario de la asociación vecinal, “algunos hasta en silla de ruedas, y sobre todo con el carrito, hasta el Centro Cívico de la Pilarica. Es decir, tienen que atravesar la vía”.
La distancia entre ambos centros, paso de la vía incluido, es de aproximadamente un kilómetro, que en este caso equivale a más de mil metros. “El concejal dice que esa distancia es muy poca y que eso lo hace cualquiera. Claro, lo hace él, que es joven”, se queja José Luis López, “pero dile a nuestra población, con más ochenta años, que vaya a exponer sus problemas a la trabajadora social a la Pilarica”. El joven en cuestión, el que ignora las peticiones, es Rodrigo Nieto, responsable del Área de Personas Mayores, Familia y Servicios Sociales del Ayuntamiento de Valladolid.
El CEAS Belén-Pilarica tiene dos trabajadoras sociales, pero las dos ubicadas en Pilarica. “Nuestra reivindicación, desde hace años, es que una de las dos atienda desde la plaza de las Nieves, en nuestro propio barrio, al menos un día a la semana”. Ya tenían un acuerdo con la anterior jefa de zona de Servicios Sociales. La mujer se jubiló, cosas que pasan, y nunca más se supo de lo acordado.
“Al poco de entrar este gobierno municipal, el concejal tuvo una reunión con nosotros en nuestra sede. Le dijimos que este era nuestro principal problema”, recuerdan desde la asociación. “Más o menos un año y medio después nos convocó a una reunión allí en su despacho, y de las reivindicaciones que le habíamos hecho llegar no ha atenido ninguna. Ni siquiera esta, que es la más importante”.
Todos los lunes la junta directiva de la asociación vecinal delibera sobre este y otros asuntos en las reuniones programadas en los locales de la calle Epifanía, 4-6. De momento, el Ayuntamiento no les hace caso, pero lo seguirán intentando. Tarea hay de sobra: tienen sobre la mesa citas como la Semana Cultural o la Primavera Urbana. Porque quieren recuperar derechos, pero también tomar las calles y llenarlas de conciencia crítica, como llevan haciendo desde hace más de medio siglo.
V.D.L.




