No existía la palabra gordofobia cuando la uruguaya Magda Piñeyro se hizo experta en gordofobia. Desde hace tres lustros lucha y trabaja como formadora, conferenciante y tallerista (género, migraciones y diversidad corporal). Su activismo la trae a Valladolid esta semana para participar en las IX Jornadas de Educación Sexual de Dialogasex (jueves 13 a las 19:30 en el salón de actos de la Facultad de Educación y Trabajo Social) y en la charla “Activismo feminista contra la gordofobia: pasado, presente y futuro”, en Akelarre Librería Café (viernes 14 a las 19:00).
Piñeyro le cuenta a Social24Horas que desde que tradujeron el término inglés fatphobia hasta ahora se ha avanzado: “El simple hecho de que la palabra exista, que tenga nombre la discriminación que sufrimos, que la palabra se haya popularizado, ya es un avance tremendo”. Cada vez son más las personas que saben que la gordofobia existe, y eso es positivo: “Saben que está mal, que hace daño, que genera exclusión, violencia, que supone una vulneración de derechos humanos”.
La realidad anterior a la ola de movimiento activista era mucho más cruel: “Veníamos de sufrir todo esto en silencio, pensando que era culpa nuestra, que era nuestra responsabilidad y que la única salida de la gordofobia era bajar de peso, que nos merecíamos lo que nos pasaba porque no hacíamos el esfuerzo suficiente para adelgazar”, recuerda, celebrando ahora el cambio de paradigma.
Por supuesto, queda mucho por hacer, reconoce la activista. “A las personas gordas se nos siguen vulnerando nuestros derechos más básicos”, explica, “como el acceso al empleo; cuidado de la salud de calidad; sigue habiendo acoso en las aulas; seguimos sin encontrar ropa de nuestra talla; discriminación en la calle y en las redes sociales”.
La parte positiva sería el ámbito adolescente. Piñeyro conoce el terreno y ha visto evolución a lo largo de la última década. “Veo cambios de sensibilización y de conciencia respecto a estos temas. Hay una sensibilidad que yo en mi adolescencia no tenía”, señala. “También noto mucha diferencia en cómo viven sus cuerpos muchas jóvenes gordas, con otro destape, con otra confianza. Adornando el cuerpo, que es una cosa que nos han prohibido históricamente a las personas gordas, y más específicamente a las mujeres gordas”.
La sociedad gordofóbica, relata Magda Piñeyro, nos dice que el cuerpo gordo debe ser tapado, disimulado, escondido bajo ropa ancha, oscura o gris, que no merece llamar la atención, que no merece ser visto como algo bello: “Ahora veo gente joven que no siente vergüenza de su cuerpo”.
Nota diferencia, eso sí, entre las chicas y los chicos. El feminismo, en su opinión, ha aportado herramientas a las mujeres para empoderarse, para amar sus cuerpos y para defenderlos; pero siente que a los chicos nos les han llegado esas herramientas, se han quedado un poco al margen de la conversación sobre la presión estética. “Lo que he detectado es que cada vez hay más chicos con una preocupación excesiva por su aspecto, por sus cuerpos, obsesionados por el gimnasio, con cifras alarmantes de vigorexia”. Es fuerte y peligrosa la presión que nace desde las redes sociales y su canon estético.
Tampoco ayudan el cine y la televisión, que según la activista perpetúan discriminaciones y violencias siempre: “La tendencia es a compararse, y sentir que una no forma parte del mundo”, explica. “Yo hasta los veintisiete o veintiocho años no encontré una serie donde hubiera una chica gorda protagonista con la que me pudiera sentir identificada”. Las personas que no entran dentro de los cánones corporales están observando un mundo audiovisual que no habla de ellas ni para ellas: “Cuando somos interpeladas, lo somos desde la humillación o desde el estereotipo”.
La presencia de Magda Piñeyro en la charla de Akelarre Librería Café contará con la colaboración también de Psico.bar, Dialogasex y Casa Feminista Valladolid, que dinamizarán la velada.
V.D.L.
Actualización 13/11/25. 13:00. Debido al impacto de la borrasca “Claudia” en las islas Canarias, Magda Piñeyro no ha podido desplazarse hasta Valladolid, cancelándose su agenda en la ciudad.




