Ya ha pasado un cuarto de siglo desde el Requiem por un sueño y también desde el dominio de Ken Loach, uno de los niños mimados de la Seminci; ha pasado una generación entera desde que Valladolid encumbraba a Kiarostami, Pascaljevic y Atom Egoyan; Brad Pitt recogió el premio a Thelma y Louise; Neil Jordan presentó su Mona Lisa y venció; Coline Serreau alzó el primer trofeo femenino (Por qué no); hace cincuenta años que se estrenó La naranja mecánica, de Kubrick, un año en el que el festival se lo llevó Visconti con su Gruppo di famiglia in un interno (Confidencias); antes llegaron Bertolucci, Truffaut y, por supuesto, Ingmar Bergman. Han volado ni más ni menos que setenta ediciones desde que nació un certamen llamado, en sus inicios, Semana de Cine Religioso de Valladolid.
En esta histórica 70ª edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid, uno de los festivales cinematográficos más importantes de España, una ilusionante Sección Oficial reclamará buena parte de las atenciones de las y los cinéfilos vallisoletanos. Lucharán por la Espiga de Oro trabajos como Tres adioses, de Isabel Coixet; Siempre es invierno, de David Trueba; Below the Clouds, de Gianfranco Rosi; Recién nacidas, de Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne; Rental Family, de Hikari; Silent Friend, de Ildikó Enyedi; Sound of Falling, de Mascha Schilinski, y La cronología del agua, el debut como directora de Kristen Stewart.

Forman parte también de la Sección Oficial los filmes Cuando un río se convierte en mar, de Pere Vilà Barceló; Dos fiscales, de Sergei Loznitsa; Duse, de Pietro Marcello; El sendero azul, de Gabriel Mascaro; Frontera, de Judith Colell; Girl, de Shu Qi; Golpes, de Rafael Cobos; Hamnet, de Chloé Zhao; La chica zurda, de Shih-Ching Tsou; La noche está marchándose ya, de Ezequiel Salinas y Ramiro Sonzini; Lionel, de Carlos Saiz Espín; Magallanes, de Lav Diaz; Mirrors No. 3, de Christian Petzold; Orphan, de László Nemes; Pillion, de Harry Lighton; Resurrection, de Bi Gan; Sorry, Baby, de Eva Victor; Subsuelo, de Fernando Franco; The Mastermind, de Kelly Reichardt; Vivir la tierra, de Huo Meng, y Yes, de Nadav Lapid.
Por supuesto, algunos de los momentos de más calidad surgirán de lo más destacado de la sección Punto de Encuentro, con otra visión del mundo y del cine. En esa 70ª edición de la Seminci nace, por cierto, el premio ESCAC al mejor realizador o realizadora de una primera o segunda película entre las participantes en esta sección alternativa. Hay ganas de ver, por ejemplo, La risa y la navaja, de Pedro Pinho, o Good Boy, de Jan Komasa.
Pero la Seminci (que contará con sesiones en el teatro Calderón, en el teatro Carrión, en el teatro Zorrilla, en el teatro Cervantes, en los cines Broadway y en la sala Fundos) no sería lo mismo sin los documentales de la sección Tiempo de Historia, sin los cortometrajes y sin todos los rincones que el certamen crea para disfrutar del arte: Alquimias; Seminci Joven; Miniminci; Castilla y León en corto; Memoria y Utopía; Dos orillas, un eterno debate. “La controversia de Valladolid”; Constelaciones, y un ramillete de proyecciones especiales que pondrán la guinda a nueve días enganchados al cine.





