Una de las pasiones de Virginia Villacisla (Burgos, 1994) es observar y documentar la pasión de los demás. En eso es toda una experta. Una de estas aventuras le llevó al premio Librarte: se dedicó durante un buen tiempo a inmortalizar detalladamente los movimientos de las chicas y chicos de su pueblo (Presencio & The Rural Kids), su pandilla de amigos: “Las experiencias vitales de la primera adultez”. Se acaba de publicar un fotolibro que recoge esta colección.
Como la curiosidad es un insecto que le pica cada día, y como suele trabajar con el entorno rural, no pudo evitar preguntarse qué había detrás de la publicidad que un día vio sobre un rally en el pueblo de al lado del suyo (el suyo es Presencio). ¿En qué consistía? ¿Cómo se divertían los participantes y asistentes? ¿Qué comían? ¿Cómo se reproducían? El mundo que descubrió la dejó perpleja, le obligó a investigar más, y ahora esa investigación se ha convertido en una exposición recién estrenada en el estudio Atalaya, comisariada por Marta Álvarez: Gasolina.
“Me acerqué por pura curiosidad y vi un ambiente muy desconocido para mí: me atrajo”, recuerda Villacisla, en conversación con Social24Horas. “Era un día de junio con una tormenta. Caía como si no fuera a acabarse. Vi a unos cuantos agazapados en una curva, unos con paraguas y otros sin paraguas”. Le extrañó que estuvieran allí “para ver pasar un coche durante dos segundos”. La fotógrafa primero estaba incrédula; sin embargo, fue poco a poco reconociéndose en esa forma de vida. No en vano, ella también se escapa al campo de vez en cuando con el mero objetivo de una foto fugaz: “Vi un espejo de lo que es tener una pasión”.

Nunca había tenido contacto con nada parecido, y de repente comenzó a no faltar a ninguna cita relacionada con esta vida motorizada. El trabajo resultante va sobre la automoción, sí, pero lo que realmente plasma es el hecho de tener una pasión, cultivarla y entregarse a ella. “Me aficioné a los aficionados”, reconoce. “Igual estaban cinco horas o lo que fuera, venían de muy lejos, habían traído la caravana, a los niños, a la abuela, la barbacoa; muy familiar, muy colaborativo”. Una estructura tremenda para ver pasar un coche durante dos segundos.
Algunos de los pasajes se le han quedado grabados a fuego. “Hay un festival que se hace todos los años en un pantano que hay en Soria: el Motorbeach”. Allí, entre peligrosos espectáculos donde llevan la gasolina al extremo, Virginia no dejó de apretar su gatillo.

El comisariado de Marta Álvarez
Marta Álvarez escogió las piezas y elaboró el discurso de esta exposición, una de las varias labores del comisariado artístico. En ocasiones ha sido un comisariado un tanto compartido con Ricardo Suárez, del estudio Atalaya. “Me mola mucho que Virginia trabaje en el ámbito del rural”, señala, “pero que lo haga desde una mirada no estereotipada”.
Álvarez sigue la pista de Villacisla desde Presencio & The Rural Kids. Le interesa, además de la calidad fotográfica, “que se enfoque en la gente joven, pero sin visión romanticista. Lo enfoca desde otro lugar”. En esta ocasión, con las obras que luego, cuando se juntaron, dieron lugar a la muestra Gasolina, le atrajo muchísimo “la escena del motor vinculado a lo rural”. La burgalesa lo hace, según la comisaria, “desde el respeto y la honestidad, no desde la visión colonial de la urbe versus lo rural”.
Gasolina podrá visitarse en el estudio Atalaya (Santo Domingo de Guzmán, 2, Valladolid) hasta el 15 de diciembre.
V.D.L.




