Hay suficientes episodios en la historia contemporánea para darse cuenta de que el racismo puede llegar a ser legal; es decir, puede estar legalmente estipulado por normas y reglamentaciones. Sucedió con el apartheid surafricano, sucedió en Brasil y también en Estados Unidos, convirtiendo esta discriminación en un fenómeno no individual ni institucional, sino estructural.
Acontece también con alguna de las leyes de extranjería de países europeos. En el caso de España, el compendio de normas incluye la existencia de los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE), cárceles encubiertas con la suficiente opacidad como para vulnerar a conciencia los derechos de los ciudadanos allí internados.
La película “Arde Mississippi”, por ejemplo, está basada en la historia real de los asesinatos de tres activistas pro derechos civiles (James Chaney, Andrew Goodman y Michael Schwerner), que tuvieron lugar en los últimos años de la era de las leyes Jim Crow (Jim Crow era la denominación peyorativa para designar las personas negras). En la mayor parte de los estados exconfederados (sur de los actuales Estados Unidos de América) se promulgaron estas leyes racistas que negaban a las personas negras sus derechos, las humillaban y perpetuaban su marginación económica y social.
La proyección de este filme (dirigido por Alan Parker y protagonizado por Gene Hackman, Willem Dafoe, Frances McDormand y Brad Dourif) supondrá el broche final del tradicional (ya es la XII edición) y exitoso Ciclo de Cine y Derechos Humanos al Aire Libre, organizado por Amnistía Internacional y la Universidad de Valladolid. La cita, que cierra este encuentro de los cuatro lunes de julio, es hoy día 28 a las 22:00 en los aledaños de la Facultad de Filosofía y Letras. El encargado de la presentación será, en esta ocasión, Javier Castán, director de la Cátedra de Cine de la Uva.
Supone también esta velada un nuevo homenaje a los activistas pro derechos civiles que actúan por todo el planeta. Se han analizado en este ciclo durante este mes asuntos climáticos, la violencia contra la población palestina y el nacimiento del movimiento LGBTI+: todas estas causas necesitaron y necesitan defensores, activistas, personas que entregan su tiempo y su esfuerzo a unos ideales. En numerosas ocasiones, como en el caso de Chaney, Goodman y Schwerner, esta lucha les cuesta la vida.



