En el día a día hay gafas protectoras, hornos, polvo, canteadoras, mascarillas, sustancias nocivas y mucha agua, pero las tardes en las que todo eso se transforma en arte, hay que estar de punta en blanco. La sala de exposiciones de CEARCAL (Centro de Artesanía de Castilla y León) acogió este miércoles 11 de junio la inauguración de la muestra “Behind the glass”, una selección de obras producidas por los alumnos del taller de vidrio que imparte la artista soriana María Alameda (Ázidaglass).
La Exposición, en colaboración con FOACAL (Federación de Organizaciones Artesanas de Castilla y León), estará abierta al público del 11 de junio al 11 de julio de 2025. De lunes a jueves se podrá visitar en horario de 10h a 14h y de 17h a 20h, y los viernes en horario de 10h a 14h (C/ Valle de Arán, 7. Valladolid).
Adentrarse en el universo “Behind the glass” significa aceptar todas las formas de imaginar nuevas vidas para el vidrio, a través de una amplia variedad de técnicas: tiffany (unión de piezas de vidrio cortadas a mano mediante cintas de cobre posteriormente soldadas con estaño); emplomado (unión de piezas de vidrio mediante tiras de plomo); pintura sobre vidrio (esmaltes y grisallas); fusión, termoformados; mosaico; vidrio laminado; sandblasting (arenado); upcycling (reutilización creativa), y vidrio reciclado. El resultado es un buen número de piezas utilitarias y decorativas, fruto de la imaginación y el saber hacer de los aprendices.

Los alumnos del taller de vidrio cuyas obras integran la muestra son: Purificación Agra, María de los Ángeles Alonso, Iván Cubero, Paloma García, Juan Carlos Pajares, Luis Miguel Rebollo, Belén Sánchez, José Andrés Torremocha, Laura Lloret, José Antonio Castaño, Baltasar de la Cruz, María José Finat, Ainhoa González, María del Mar Melón, María Eugenia Rodríguez, Rosa Tombo, Carmen Treceño, Rita Villanueva, Ana Isabel Burgos, Juan Manuel Carrascal, Luis Carlos Esteban, Paloma Fernández, Soledad Higuero, Sara Martín, Adela Sanz, Claudia Tinoco, Blanca Enríquez y Julia Herrero.
Algunos de ellos nunca se habían acercado al mundo del vidrio; otros son artistas provenientes de otras disciplinas. Unos pocos aterrizaron en este taller en busca de alguna actividad manual que les viniera bien para capear alguna turbulencia de su vida. Todos, sin excepción, lucían orgullosos del resultado conjunto de todo un curso de aprendizaje y trabajo en el piso de arriba. Se convirtieron, sin querer, en una familia numerosa de artistas.
Agrupados en tres grupos de nueve para mejor aprovechamiento del espacio del taller, los protagonistas soñaron sus creaciones y fueron aprendiendo los mecanismos para plasmarlas y las herramientas para rematarlas. Surgieron entonces las mariposas y las lámparas, las flores y sus jarrones, las esculturas y los adornos, e incluso alguna locura como la de recrear a escala la iglesia de un pueblo (en la exposición pueden verse dos de las ventanas del minitemplo).

VDL



